Muchas
familias con hijos de altas capacidades habrán experimentado convivir con una
persona de alta sensibilidad, dado que este rasgo es una de las características
más comunes de las AACC. La creencia de que, ignorando la hiperestimulación que
se produce sobre los sentidos, éstos se
acostumbrarán al estímulo de forma que se vuelven menos sensibles, no está
basada en la realidad. Al contrario, se produce incluso una intolerancia
psicológica a los estímulos y se hacen menos soportables aún. Este interesante
artículo que sigue sirve de explicación más extensa. Hay que añadir también algo
en lo que insiste la psicología y que olvidamos a menudo: toda característica,
sobre todo si en la persona se da de forma intensa, tiene su parte negativa y
su parte positiva, y no es posible quedarse sólo con una de las caras de la
moneda, si uno se insensibiliza para el dolor, también lo hace para la
felicidad, aunque éste no fuese su propósito inicial. Esta idea es extrapolable
a todo el abanico de posibilidades que se puedan dar en las personas de alta
sensibilidad:
De cada diez personas hay dos que
son considerablemente más sensibles que los restantes ocho. Este dato es fruto
de una investigación llevada a cabo por la psicóloga americana Elaine Aron
(también altamente sensible) y su marido, también psicólogo pero
con una sensibilidad, digamos, "normal".
Si se dice "sensible", es
evidente que en primer lugar pensamos en los sentidos. Efectivamente, la
persona altamente sensible, también conocido como "PAS", tiene los
típicos sentidos más desarrollados con lo cual percibe más que otras personas.
Recibe más información y generalmente la recibe antes. En si esto no tiene por
que ser un problema; de hecho, no lo es ya que el "PAS" se suele
considerar afortunado si, por ejemplo, se trata de disfrutar del arte o de la
naturaleza. Su intensa percepción en la mayoría de los casos también da fruto a
una rica vida interior, a una existencia en que la espiritualidad generalmente
juega un rol importante.
Los problemas, sin embargo, surgen
cuando el PAS, por su gran capacidad (incontrolable) de absorber información,
llega a saturarse. Esta saturación, que se produce si la persona no respeta su
necesidad de descansar, de dormir lo suficiente y de cargar sus pilas, tiene el
gran peligro de desbordar en estrés, depresión y burn-out. Esto puede
ocurrir especialmente si el PAS intenta “normalizarse”, imitando
comportamientos de personas que aparentemente afrontan las circunstancias de la
vida con menos esfuerzo.
Pero el PAS, es mucho más que una
persona con sentidos muy sensibles. El PAS es una persona con una disposición a
ayudar y a estar al servicio de la gente en su alrededor. Le cuesta ver
sufrimiento tanto de personas como de animales. No soporta las injusticias. Se
enamora con gran facilidad, en gran parte porque tiene la tendencia de ver
solamente la parte buena y positiva de la gente. Su vida puede ser marcada por
la baja auto-estima, y todo que esto conlleva: no saber decir no, no conocer y
mantener sus límites, de tirar la toalla sin sacar provecho de sus muchos
talentos, de permitir que abusen de su bondad y de no saber cómo manejar el
conflicto.
Puede ocurrir (y de hecho ocurre)
que, por falta de conocimiento del rasgo, el PAS que ha llegado a tener una
depresión o ataques de ansiedad, recibe un diagnóstico y un tratamiento
incorrecto. Invito a todos los profesionales de la salud a
investigar sobre el rasgo para evitar que estas personas sensibles (¡niños!)
vayan recibiendo etiquetas (estigmas) que no les corresponden, y una medicación
que, en lugar de ayudarles, hace que se vayan sintiendo peor. No olvidemos que
un niño etiquetado es un niño estigmatizado, y por culpa de un estigma una
persona puede no encontrar su verdadera misión vital.
Es mi experiencia personal y como coach,
que, a una persona altamente sensible muchas veces le basta entender qué le
pasa, explicándole sobre la alta sensibilidad; qué es, cómo funciona y cómo le
puede afectar. Desde allí la persona puede aprender a cuidarse mejor y a
cambiar facetas de su comportamiento, de sus circunstancias y de sus
costumbres, desarrollando la autonomía personal. Evidentemente depende de la
persona misma hasta dónde quiere llevar su trabajo personal para que, pas-ito a
pas-ito, vaya reforzando esa parte de su ser que llamamos el Yo.
Puedes leer el artículo original aquí.

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